jueves, 18 de febrero de 2010

¡Apuntando Más Alto!

¿Qué hace que la educación superior adventista sea realmente “adventista”?

Treinta y seis años atrás, dos educadores explicaron la diferencia entre “instrucción” y “educación”. Observaron que la instrucción, que se enfoca hacia las tradiciones mecánicas, los hechos aislados, las estructuras sedentarias y las tareas inconexas no está a la altura de la verdadera educación. Para muchos educadores esto resultó innovador. Pero los adventistas ya conocíamos esta distinción durante un siglo y la veníamos aplicando en todas nuestras escuelas, colegios y universidades alrededor del mundo.

Hemos definido históricamente la educación como más que un curso de estudios. Es más bien una senda de desarrollo que busca el servicio como objetivo inmediato y vida eterna como destino final. (La Educación Pág. 18)

Desde sus mismos comienzos el adventismo ha abrazado la filosofía de que la educación ha de tener un enfoque redentor y una naturaleza integral. Reconocemos que requiere de un alcance más amplio, un objetivo más elevado que la tradición humana. (La Educación Pág. 13)

No obstante, la verdadera educación no ignora el valor del conocimiento científico o los logros literarios; no existe virtud alguna en la ignorancia, y el conocimiento no necesariamente perjudica el crecimiento cristiano. Sin embargo, valora la capacidad por sobre el conocimiento, la bondad por sobre la capacidad, y el carácter sobre el intelecto. (La Educación Pág. 225)

Brinda más que disciplina mental y preparación física, porque fortalece el carácter, de manera que la verdad y la rectitud no se vean sacrificadas ante el deseo egoísta o la ambición de ganancias económicas. (La Educación Pág. 18)

El Modelo

La verdadera “educación superior” es impartida en nuestras universidades por el que “es sabiduría y el poder”, de cuya boca “proceden el conocimiento y la inteligencia”. No obstante, la educación superior adventista rechaza el supuesto conflicto entre fe y razón, virtud y conocimiento, humildad y logros intelectuales, y los misterios divinos y la erudición. En efecto, todos ellos son compatibles.

La Naturaleza del conocimiento y el curriculum. La educación más elevada incluye el conocimiento de la Palabra de Dios y un caminar diario y consciente en las huellas de Cristo. (La Educación Pág. 35)


La educación superior adventista no es inferior a la educación del resto de universidades en sus objetivos y logros académicos. Por el contrario, busca impartir un conocimiento y una disciplina que contribuyen a un mejor desarrollo del carácter. (La Educación Pág. 45)

Con demasiada frecuencia, al acumularse los estudios, la sabiduría del cielo recibe un lugar secundario en la vida de los estudiantes. Estos llegan a valorar el saber, como la esencia del éxito en la vida sin comprender el propósito de la educación. En esta generación la información se ha duplicado mientras que el conocimiento (la comprensión de esa información) y la sabiduría (el saber cómo usar esa información) se han visto reducidas.

Los adventistas reconocemos que el principal objetivo ha de ser la sabiduría. La verdadera educación nos enseña a hacer el mejor uso de todas las facultades y capacidades, y abarca así toda la gama de nuestras obligaciones hacia nosotros mismos, el mundo y Dios. (La Educación Pág. 225)

Es esencial conocer el mundo en el que vivimos, pero si no tenemos en cuenta la eternidad, fracasaremos.

La condición humana y el énfasis en la salud. Las escuelas adventistas han defendido por largo tiempo estándares de vida saludable que ahora son apoyados por investigaciones ajenas a la iglesia adventista. Se ha mostrado que la abstención del alcohol y el tabaco y de otras drogas, junto con una dieta apropiada y la actividad física contribuyen a la salud y a la longevidad.

Los medios masivos ensalzan las virtudes del mensaje adventista de salud mientras aseguran que las malas elecciones en temas de salud son la causa de enfermedades severas y muerte prematura. (The Journal of The American Medical Association 293. No. 3 (2005):293)

Educadores de diversos trasfondos reconocen la influencia que tienen los docentes sobre los jóvenes a la hora de tomar decisiones importantes.

La naturaleza de la instrucción y las relaciones. Las relaciones positivas son esenciales para alcanzar el crecimiento y el bienestar. Los docentes tienen que mostrar en palabras y carácter la norma piadosa que esperan de sus alumnos. La obra de guiar las mentes de los jóvenes no debería ser dejada a los que no tienen a Dios como la medida de sus vidas. (Consejos para los Maestros Pág. 387)

La verdadera educación es la obra más importante que alguna vez se les haya confiado a los seres humanos, y nunca antes ha sido su estudio diligente tan importante como ahora. Ninguna generación anterior fue llamada a hacer frente a problemas tan importantes; nunca antes se hallaron los jóvenes delante de peligros tan grandes como los que tienen que hacer frente hoy. (La Educación Pág. 225)

Es imperativo contar con docentes que teman a Dios y se entreguen cada día a él, que vivan el mensaje adventista. Sin embargo, es difícil hallar suficientes docentes adventistas. Más allá de la amenaza constante del secularismo, nuestros más formidables desafíos están asociados con la proliferación de instituciones, la duplicación de carreras en algunas áreas y los crecientes controles de los gobiernos en otras.

La naturaleza de su excelencia y el alcance de su evaluación. ¿Qué se llevan los estudiantes al salir de nuestras aulas? ¿A dónde van? ¿Qué piensan hacer? ¿Han sido educados para ser sabios líderes de sus familias y comunidades? ¿Han recibido una verdadera “educación superior”?

Los estudiantes tienen que ser animados ha alcanzar el más alto desarrollo. La educación no tiene que restringir aquello que Dios ha hecho ilimitado. Dado que la educación superior adventista equilibra el desarrollo de toda la persona hasta la eternidad, su medida plena trasciende los años que pasa en una determinada institución. No termina en este mundo.

La educación superior adventista en el siglo XXI

La Iglesia Adventista brinda una educación superior que fomenta el desarrollo integral de los jóvenes y sus elecciones de vivir sirviendo a Dios y a la humanidad. Ese objetivo atrae a otros que también desean estos valores e ideales.

(Extraído de la Adventist World. Julio 2009. Escrito por la Dra. Ella Simons. Una experimentada educadora y administradora. Actualmente una de las vicepresidentes de la Asociación General de la Iglesia Adventista.)



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