martes, 3 de marzo de 2009

DIOS CONOCE EL FIN DESDE EL PRINCIPIO


Por: Julio César Mathews Paredes
Director de Admisión en la Universidad Peruana Unión – Filial Juliaca. Perú
upeujuliaca@hotmail.com
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1988 fue el año clave para nosotros, cinco muchachos una mamá, el mayor de 14 y el menor de 5 años de edad. El panorama era sombrío. En su hermosura la selva del Perú, más específicamente la ciudad de Pucallpa, no ofrecía para nosotros más que diversión rápida, amigos sin visión, bajo nivel de educación y la más incierta economía, dado la zona donde viviamos.


Conversaba con mi madre algunas noches, y me decía, que iríamos al Colegio Unión, en Ñaña. En mi mente imaginaba lo que sería caminar por los pasillos, estudiar, conocer nuevos amigos, en fin, todo lo que un adolescente de 12 años puede creer y desear.


En junio de ese año llegamos a Ñaña. Lo que más nos sorprendió fue los altos cerros áridos, y es que, estábamos acostumbrados a una planicie verde y al cálido clima tropical de la selva. Y es así, los cambios traen sus ventajas y desventajas. Alguno sugirió, regresemos!


La realidad en Lima, era de temer. Sin casa, sin los amigos y con un colegio realmente inaccesible para nosotros. Nada de ello nos amilanó. Mi madre tenía claro el objetivo y el plan de acción.
Agradezco a Dios y a ella por su continuo apoyo y dirección. No podría dejar de mencionar la clave en todo este proceso; cuatro de la mañana, ella doblada sus rodillas clamando al Señor por todos nosotros; cinco de la mañana llamandonos al culto familiar; siete y media de la noche nuevamente cantando y leyendo la Biblia. Estoy completamente seguro que eso fue la clave del éxito.


Nuestros versículos claves en todo este proceso han sido Josué 1:5-8
“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría. Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés mi siervo te mandó; no te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito. “

La reunión no fue tan larga pero si clara. Los cinco varones y mi madre reunidos. Definimos como enfrentaríamos las dificultades y el futuro. Trabajo y estudio, esa era la salida, no había otra. Pronto cada uno estuvo en su centro de trabajo, uno en el jardín, otro en la mecánica, otro con las escobas en la limpieza y dos en la lechería del Complejo Educativo Adventista Unión. Sería injusto dejar de agradecer el apoyo del Pr. Raúl Gómez Méjico en todo este asunto.


Los días y los años pasaron como un as de luz, y ahora iniciaba mis estudios universitarios. Los gastos aumentaron con mi paso a la universidad. Alguien sugirió otra de las herramientas más importantes que siempre he utilizado para autofinanciarme, Productos Unión. Logré hacer una cartera de clientes continuos y entonces no sólo pagaba mis estudios sino que además, ayudaba a mamá en los gastos alimenticios. Éramos un equipo, pues cada uno contribuía de alguna manera.
Con el pasar de los años conocí el Ministerio de las Publicaciones, y afiance mi talento en las ventas profesionales. Con la ayuda de Dios, logré realizar mi primera campaña en Panamá y luego en Paraguay, logrando en los dos veces excelentes resultados.


Los libros nos han traído grandes satisfacciones personales, enseñamos a nuestros hermanos menores todos estos conocimientos y ellos los aplicaron con éxito.


Dios que conoce el fin desde el principio, nos ha preparado en las diferentes líneas de trabajo y estudio. Con gran satisfacción en el corazón podemos decir ahora, junto con mi madre, luego de ver a cinco profesionales sirviendo a Dios en diferentes áreas de la obra, GRACIAS SEÑOR, tú lo sabes todo y deseas siempre lo mejor para tus hijos.


No podría dejar de mencionar que, en la Universidad Adventista conocimos a nuestras esposas, mujeres temerosas de Dios, trabajadoras y profesionales, que nos ayudan a formar la siguiente generación de valientes soldados de Jesús.


El libro la Educación escrito por Elena G. de White en la página 46, dice lo siguiente, en relación a las Escuelas de los Profetas: “Estas escuelas tenían por objeto servir como barreras contra la corrupción que se propagaba por todas partes, atender al bienestar mental y espiritual de la juventud, y estimular la prosperidad de la nación, proveyéndola de hombres preparados para actuar en el temor de Dios, como directores y consejeros.”


Por todo lo antes expuesto, te animo, querido joven, que no te amilanes, no te detengas en tu lucha, continua haciendo realidad tus sueños dependiendo continuamente de Dios y trabajando esforzadamente. Prepárate para el servicio en las escuelas, colegios y universidades adventistas.


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